Para desgracia de mi madre descubrí mi pasión por navegar, y para desgracia de mi padre siempre soñé con la libertad, por lo que la piratería fue el resultado más bien natural de mis ambiciones.
Nací en el siglo XVIII, en España, en la provincia de Toledo, en el pequeño barrio de Montalbán. Era el único hijo del gobernador, que a su vez era el obsesivo hijo de un noble venido a menos junto a una gitana, hecho que la familia de mi bisabuelo nunca perdonó. Mi madre en cambio era una mujer hecha y derecha que aceptó el matrimonio porque fue la única propuesta que recibió cuando ya se había resignado a vestir santos; su familia tenía ascendencia noble y estaban dispuestos a pagar una generosa dote con tal de sacarse a la solterona. Mi vida transcurrió más bien normal entre institutrices, escuelas dominicales y aprender el oficio de gobernador, hasta que cumplí los 12 años.
En ese momento conocí a Jhon, a quien mi padre tomó a su cargo como ayudante de cocina. Jhon era un inglés sin apellido, sin una pierna y con una gran cicatriz que cruzaba su pecho de lado a lado, del que basta decir que me salvó la vida. Creo de forma fehaciente que esa es la única razón por la que mi padre lo mantuvo en su empleo cuando comencé a seguirlo a todos lados, aunque será por siempre un misterio porque lo empleó en primer lugar. De Jhon aprendí a soñar, me enseño de las tormentas y el mar, de islas de fantasía y tesoros enterrados. Me contó de las aguas donde cantan las sirenas y se ahogan los marinos, de las mujeres foca del Virreinato del Perú, los hombres jaguar, los tambores de los esclavos, y un sin fin de otras historias.
Llené mi cabeza con una idea romántica de libertad y a los 15 partí de casa rumbo al mar. Mis comienzos fueron bastante humildes, basta decir que tuve que sobornar a un capitán de poca monta para que me tomara como parte de su tripulación, donde trabajaba como limpiador de cubierta. Pero ni el olor a vómito pudo borrar el hedor a libertad que me proporcionaba mi nombre anónimo y el olor a mar. Trabajé durante muchos años en cubierta hasta que mi piel se transformó en cuero grueso, mis músculos delgados en fuerza bruta y mi inteligencia me permitieron ascender a primer oficial. Todo habría de cambiar ese día en un puerto anónimo del Reino de Chile, mis marinos me pagaron una mujer virgen que me recibió amarrada en el suelo de una habitación mugrienta, me llamaron sus largas trenzas negras y me perdí apenas vi sus ojos desafiantes de color negro que brillaban de odio.
Aun no se como lo hice, pero la tomé y me la llevé al bosque para nunca más volver. En esa tierra perdida de nadie construí una cabaña rudimentaria y me dedique a domarla como se hace con las bestias salvajes. Me tomó muchos años acostumbrarla a mi, pero solo una mirada para enamorarme de esa mujer que aun hoy le enseña a nuestros hijos blancos a adorar a la luna, a la pachamama (madre tierra) y a comer piñones. Sé que hoy moriré, mi mujer me lo dijo, pero le dejo al mundo 5 hijos fuertes y sanos, 3 hijas hermosas y desafiantes como su madre, y esta carta. Al que la lea espero que también se llene la cabeza de sueños, encuentre el amor con una mujer mágica y se aventure al mundo, que lo que vale en este mundo no es como se empieza, sino como se termina,
Muy inspirador. Gracias!
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